dPosta – Luego de haber permanecido fuera de servicio desde julio del año pasado, el radar meteorológico de la unidad volvió a estar operativo en las últimas horas, marcando el fin de un extenso periodo de ceguera tecnológica en una zona donde los eventos climáticos extremos pueden ocasionar importantes daños en localidades y cosechas del campo.
La vuelta a la actividad se produce en un contexto complejo para el organismo nacional. El radar, con 18 años de servicio, sufrió una avería en una pieza fundamental cuya reposición se vio demorada por un combo de factores: el desfinanciamiento presupuestario y la farragosa burocracia administrativa que rige la importación de componentes tecnológicos de alta complejidad. Finalmente, tras meses de gestiones y reclamos que escalaron incluso al ámbito provincial, el repuesto fue instalado, permitiendo que La Pampa recupere su red de vigilancia casi total.
Este equipo es un radar Meteor 600C de origen alemán, con tecnología de doble polarización. A diferencia de otros sistemas, su capacidad para detectar tormentas severas y medir con precisión la intensidad de las lluvias lo convierte en un aliado indispensable para el productor rural. Durante el último verano, la ausencia de datos generados por el radar de Anguil generó una profunda preocupación, ya que la toma de decisiones a campo —desde el momento de la siembra hasta las aplicaciones fitosanitarias— depende en gran medida de los alertas de corto plazo que estos sistemas proveen.
Con la reactivación de Anguil, la provincia vuelve a contar con dos nodos de cobertura fundamentales. En febrero ya se había activado el radar de Santa Isabel, que bajo la órbita del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y el Ministerio de Defensa, cubre la región oeste y Cuyo. Juntos, estos equipos integran el Sistema Nacional de Radares Meteorológicos (Sinarame), una red federal que envía información en tiempo real a la central de pronósticos del país para la elaboración de alertas tempranas.
El sistema de radares del INTA es una pieza histórica de la soberanía tecnológica argentina. Además del nodo pampeano, el instituto opera equipos similares en Oro Verde (Entre Ríos) y Pergamino (Buenos Aires). Aunque los tres integran la red nacional gestionada por la empresa INVAP, los equipos del INTA requieren un mantenimiento especializado que a menudo choca con las limitaciones de las partidas presupuestarias. La experiencia de este último año dejó en claro que la eficiencia administrativa es tan vital como la tecnología misma: la demora en una pieza puede paralizar un servicio esencial durante meses.
Aunque desde el organismo no se emitió un comunicado oficial detallando si el equipo se encuentra en fase de pruebas finales o en régimen permanente, la señal ya es visible en los mapas interactivos. Para el sector agropecuario de La Pampa, el regreso del radar no es solo un dato técnico; es recuperar la capacidad de anticiparse al clima en un escenario global de creciente incertidumbre meteorológica.