

dPosta – La Justicia piquense formalizó este martes a un oficial de la policía provincial, de 28 años, con rango de subinspector, por el ataque a Kevin Quiroga a la salida de un local nocturno. La denuncia fue radicada a mediados del mes de junio cuando la víctima salió de Hospital Centeno, donde los médicos le realizaron curaciones y admitieron que salvó su vida “por centímetros”.
La audiencia, presidida por el juez Alejandro Gilardenghi, se celebró a pedido del fiscal adjunto Matías Juan, quien imputó al uniformado Agustín De Los Santos el delito de “lesiones graves agravadas por ser agente policial y por el uso de arma de fuego”. De manera alternativa, se consideró la acusación de “vejaciones agravadas por el uso de violencia y arma de fuego”.
Al término de la audiencia, el juez resolvió dictar como medida de restricción la prohibición de acercamiento a la víctima hasta que finalice el proceso judicial.
El hecho, que causó conmoción, ocurrió en la madrugada del 16 de junio de 2025. Según la denuncia de Quiroga, el violento episodio se desató alrededor de las 4:30 de la mañana. Kevin y un amigo, que se encontraba bajo los efectos del alcohol, salían de un local conocido como “La Cantina del Pela”. Si bien en la puerta no hubo mayores problemas, un patrullero los siguió mientras caminaban hacia su casa, lo que desencadenó un altercado.
En la puerta de la Fiscalía y recién salido del Hospital, Kevin Quiroga relató a los medios cómo el oficial le disparó a “menos de un metro de distancia”. Y detalló sobre las heridas: “Tengo el hombro destruido, me quedó un agujero todo abierto y me dieron como 10 puntos. Y tengo toda la espalda lastimada, me sacaron 20 perdigones mínimo”, confesó, mostrando las cicatrices físicas del ataque.
La versión del joven es clara: tras el altercado verbal con su amigo, él mismo se interpuso para calmar la situación. Fue en ese momento cuando el policía lo apuntó con la escopeta y le advirtió: “quédate quieto que te disparo”. El disparo impactó en su hombro, y mientras él intentaba huir, el uniformado le disparó tres o cuatro veces más por la espalda con municiones antitumulto. El destino de los proyectiles fue tan preciso que un médico le aseguró a Kevin que “si el disparo me agarraba unos centímetros más abajo. me alcanzaba la aorta. Estuve cerca de morir”.
El caso es particularmente doloroso para Quiroga, quien, a pesar de no tener antecedentes penales y ser hijo y sobrino de policías, se enfrenta ahora a una recuperación incierta. “Yo solo quería volver a mi casa”, dijo. “Trabajo de cocinero, pago alquiler, y ahora no sé cómo voy a hacer”. La investigación continúa, y el futuro de este proceso judicial será clave para determinar si el oficial actuó bajo los protocolos de la fuerza o si la violencia desmedida marcó una noche que Kevin y su familia no olvidarán.