Lumilagro despide trabajadores y lo justifica con un posteo provocador

La tradicional fábrica de termos justificó la reducción de su personal con mensajes cargados de ironía y desprecio a la industria nacional. Recibió un masivo rechazo y, horas después, bajaron la publicación.

dPosta – Lo que comenzó como una estrategia de “sinceramiento” empresarial en la red social X terminó convirtiéndose en una crisis de reputación sin precedentes para Lumilagro. La histórica marca de termos, con 83 años de trayectoria en el país, decidió defender su proceso de desvinculación de trabajadores y su giro hacia la importación de productos chinos con un tono que la mayoría de los usuarios calificó de “cruel” y “provocador”.

“¿Ustedes qué opinan? ¿Preferirías que los volvamos a contratar y vuelvas a tener que gastar $100 mil de más para conseguir un termo de calidad?”, disparó la cuenta oficial de la firma. El mensaje no fue un error aislado: ante la primera oleada de críticas, la empresa redobló la apuesta con un segundo posteo cargado de sarcasmo: “¿Quizás podemos hacer una edición limitada. De peor calidad y más caro, pero 100% fabricado en Argentina?”.

El “Turco” García y la comparación con el estilo oficial

El rechazo a los dichos del dueño de la compañía no solo fue cuantitativo —los mensajes de repudio superaron ampliamente a los pocos apoyos cosechados— sino que también sumó voces de figuras públicas. Uno de los comentarios que más viralización alcanzó fue el del ex futbolista Claudio “Turco” García. Con su estilo directo, el ídolo de Racing e integrante de la selección nacional ironizó sobre el tono soberbio y confrontativo de la marca: “Miren, Adorni consiguió nuevo laburo de CM”, escribió el Turco, vinculando la agresividad de Lumilagro con el estilo de comunicación del vocero presidencial, Manuel Adorni.

Esta comparación no fue casual. Gran parte de los usuarios de X destacaron que la empresa parecía “envalentonada” por el clima de época, utilizando términos como “competitividad” y “reconversion” para enmascarar lo que, para muchos, es simplemente el desmantelamiento de la capacidad productiva nacional.

Una fábrica que se apaga y se vuelve vidriera

Detrás de la “chicana” digital se esconde una realidad social alarmante. En los últimos años, Lumilagro redujo su plantilla de 300 trabajadores a apenas 100, entre directos e indirectos. La planta de Tortuguitas, que supo ser un emblema de la producción bonaerense, hoy tiene sus hornos apagados. Martín Nadler, director ejecutivo de la firma, admitió que actualmente solo trabajan con stock remanente de la pandemia e importaciones directas de China.

Aunque la empresa intentó matizar el impacto asegurando que las salidas fueron “retiros voluntarios” y “común acuerdo”, la frialdad de su comunicación en redes sociales dinamitó cualquier intento de control de daños. La gran mayoría de los comentarios de los usuarios reflejaron una pérdida de fidelidad hacia la marca: “A veces lo mejor es callar. No dan ganas de comprarle a alguien que se enorgullece de dejar familias en la calle para bajar un costo”, sentenció uno de los posteos con más “likes”.

El costo social frente al costo del producto

El debate quedó planteado en términos éticos. Mientras la empresa sostiene que “ninguna compañía pone las reglas del juego” y que la adaptación es necesaria para “sobrevivir”, la comunidad digital le recordó que la responsabilidad social empresarial no debería ser compatible con la burla hacia quienes perdieron su sustento.

Con los hornos fríos y la cuenta de X envuelta en llamas, Lumilagro enfrenta ahora el desafío de recuperar una imagen que, por decisión de sus propios dueños, quedó asociada al desprecio por el trabajo argentino y a una estética de comunicación que muchos consideran una provocación innecesaria en un contexto de profunda fragilidad económica.