

dPosta – El Noroeste Argentino atraviesa horas decisivas tras el temporal que azotó con ferocidad a la región. El escenario es de contrastes: por un lado, el alivio paulatino en el sur tucumano permite el retorno de las familias a sus hogares; por el otro, el avance de esa misma masa hídrica hacia el sur ha puesto a prueba la infraestructura de Santiago del Estero, cuyos pobladores observan con desvelo el comportamiento de sus ríos.
En Tucumán, la localidad de La Madrid comienza a emerger del lodo. A tres días de una inundación que volvió a poner en jaque a esta comunidad, el agua ha comenzado a retroceder, permitiendo que el 95% de los evacuados regrese a sus viviendas.
No es un retorno festivo, sino una vuelta marcada por la incertidumbre y el dolor de evaluar lo perdido. El objetivo primordial de los vecinos es doble: constatar el estado de sus animales —motor económico de muchas familias— y rescatar las pertenencias que el río Marapa no logró arrastrar.
Pese a que las imágenes aéreas ya no muestran calles convertidas en canales, la normalidad está lejos de alcanzarse. La Ruta Nacional 177 continúa cortada, manteniendo una herida abierta en la conectividad de la zona sur.
El Gobierno provincial, bajo la dirección de Osvaldo Jaldo, ha desplegado un operativo integral de limpieza. “Hasta que no dejemos en condiciones la localidad, vamos a estar acá”, afirmó el ministro del Interior, Darío Monteros, quien coordina la asistencia técnica para restablecer la vida cotidiana mientras el comisionado comunal inicia el censo de daños materiales.

Santiago del Estero: la amenaza del río Dulce ante una crecida histórica
El alivio en Tucumán se traduce, por ley de gravedad e hidrografía, en una amenaza para Santiago del Estero. El aluvión que bajó desde el norte impacta de lleno en el territorio santiagueño, provocando una de las crecidas del río Dulce más importantes de las últimas décadas. La histórica masa de agua mantiene en vilo a la Capital y a la ciudad de La Banda, donde el paisaje ribereño ha sido transformado por un caudal imponente.
Aunque este domingo se registró un amesetamiento en sectores clave como la Costanera y el Parque Aguirre, el estado de alerta no ha disminuido. El fenómeno es monitoreado minuto a minuto en el Embalse de Río Hondo, pieza fundamental para regular el paso del agua y evitar un desastre mayor en las zonas urbanas.
Según los últimos reportes, la cota del dique se estabilizó en los 274,30 metros sobre el nivel del mar, una cifra que exige una administración quirúrgica de los caudales.
Actualmente, los ríos que alimentan el embalse aportan unos 1.656 m³ por segundo, mientras que las autoridades han decidido erogar hacia el cauce del Dulce unos 1.798 m³ por segundo. Esta diferencia busca aliviar la presión sobre la estructura del dique, aunque signifique mantener niveles críticos en la ribera.
Las filtraciones en puntos neurálgicos siguen sorprendiendo a los vecinos, y aunque no se ha registrado un avance significativo en las últimas horas, la magnitud de la creciente recuerda la vulnerabilidad de la cuenca Salí-Dulce. Por ahora, Santiago vive una “tregua técnica”, esperando que el río finalmente decida dar paso a la normalización.