Frigorífico General Pico: reactivaron la producción en Trenel

La planta retomó la actividad bajo un nuevo esquema operativo encabezado por Frigorífico Gorina. El reinicio permitió el regreso de más de 400 trabajadores tras meses de paralización y conflicto.

dPosta – Después de atravesar uno de los períodos más críticos de su historia, el Frigorífico General Pico volvió a poner en marcha su planta de Trenel. La reanudación de la actividad representa el primer paso concreto hacia la recuperación de una empresa que durante los últimos meses estuvo marcada por despidos masivos, la paralización de la producción, un concurso preventivo de acreedores y un complejo proceso de negociaciones para evitar el cierre definitivo.

La reactivación se llevará adelante bajo un nuevo esquema operativo. La conducción de las tareas quedó en manos de Frigorífico Gorina, que asumió la explotación de la planta mediante un contrato de alquiler por tres meses, con posibilidad de renovación, mientras avanza el proceso judicial que atraviesa la firma de la familia Lowenstein. El acuerdo permite mantener en funcionamiento uno de los principales activos industriales de la compañía sin que, por el momento, implique un cambio de titularidad.

El reinicio fue planificado de manera escalonada, aunque con un fuerte impacto laboral desde el primer día. La mayor parte de los trabajadores suspendidos volverá a sus puestos de manera simultánea y la producción comenzará con una faena estimada de entre 350 y 400 cabezas de ganado por jornada.

Ese volumen estará destinado tanto al abastecimiento del mercado interno como a la exportación y, según el esquema diseñado para esta nueva etapa, irá aumentando paulatinamente a medida que se consoliden los canales comerciales y la demanda. Para la segunda jornada también está prevista la puesta en marcha del sector de desposte, completando nuevamente todo el proceso de industrialización dentro de las instalaciones de Trenel, que en los últimos años fueron objeto de importantes inversiones para ampliar su capacidad productiva.

La reapertura devuelve actividad a una planta que durante meses permaneció prácticamente paralizada y significa, además, el regreso de más de 400 trabajadores que habían quedado suspendidos cuando la empresa redujo al mínimo sus operaciones.

Un conflicto que se profundizó durante el último año

La crisis no apareció de un día para otro. Los primeros síntomas comenzaron a evidenciarse hace alrededor de dos años, aunque el escenario terminó de agravarse durante los primeros meses de 2026.

En febrero, la empresa resolvió despedir a cerca de 200 trabajadores de sus plantas de General Pico, Trenel y Arata, una decisión que impactó de lleno sobre la economía regional y provocó una fuerte reacción gremial. Durante varias semanas se sucedieron manifestaciones frente a las instalaciones del frigorífico, audiencias en la Secretaría de Trabajo y negociaciones para intentar garantizar el pago de las indemnizaciones y de los salarios pendientes.

Semanas después, los propios directivos explicaron que el deterioro financiero había sido consecuencia de una combinación de factores: el fuerte incremento del costo de la hacienda, las elevadas tasas de interés registradas durante el primer semestre de 2025 —en un contexto de importantes inversiones realizadas en la planta de Trenel— y la fuerte caída del consumo interno, que también afectó al resto de la industria frigorífica.

El deterioro quedó reflejado en los niveles de producción. La empresa pasó de faenar alrededor de 600 animales por día a procesar apenas unas 50 cabezas antes de detener prácticamente toda la actividad.

La negociación que nunca llegó a concretarse

Mientras buscaba sostener la continuidad de la empresa, la familia Lowenstein inició negociaciones para alquilar o vender la operación a distintos grupos interesados.

La alternativa que aparecía con mayores posibilidades era la incorporación de un grupo empresario europeo, aunque las diferencias con un sector financiero que, además de acreedor, es accionista de la compañía terminaron frustrando el acuerdo.

En ese momento, Ernesto “Tito” Lowenstein y Alan Lowenstein sostuvieron públicamente que ese grupo había bloqueado todas las alternativas presentadas para garantizar la continuidad de la empresa, entre ellas propuestas de explotación de largo plazo y una iniciativa valuada en alrededor de 40 millones de dólares. Ante la imposibilidad de alcanzar un acuerdo, la compañía decidió solicitar la apertura del concurso preventivo de acreedores para intentar reorganizar sus obligaciones y preservar la actividad.

Una empresa que sigue bajo presión financiera

La vuelta de la producción no implica que la crisis haya quedado atrás.

La empresa continúa inmersa en el proceso concursal y mantiene un elevado nivel de endeudamiento. De acuerdo con los registros del Banco Central, acumula más de 1.100 cheques rechazados por alrededor de 15.900 millones de pesos y obligaciones bancarias que superan los 25.100 millones.

En ese contexto, el desembarco de Frigorífico Gorina aparece como una solución transitoria para mantener activa la infraestructura, preservar los puestos de trabajo que continúan vigentes y generar ingresos mientras la Justicia y los acreedores definen el futuro de la compañía.

Para la firma platense también representa una oportunidad estratégica: sumar capacidad industrial sin realizar una compra definitiva. Gorina figura entre los principales frigoríficos exportadores del país, abastece a más de treinta mercados internacionales y, con la incorporación de la planta de Trenel, amplía su potencial de producción mientras permanece abierto el proceso de reestructuración de Frigorífico General Pico.