Fracaso en Pakistán: Trump ordena el bloqueo total del estrecho de Ormuz

Tras el colapso de las negociaciones de 25 horas en Islamabad, la Casa Blanca endurece su postura militar frente a Irán, mientras Rusia emerge como posible mediador.

dPosta – El escenario geopolítico global ha dado un giro drástico tras el estancamiento de las conversaciones de paz en Islamabad, Pakistán. Lo que se inició como un esfuerzo diplomático histórico para aliviar las tensiones en Oriente Medio —luego del alto el fuego entre Irán, Estados Unidos e Israel— terminó en una ruptura profunda. Ante la falta de acuerdos, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció una medida de fuerza mayor: un bloqueo naval inmediato sobre el estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas más vitales del planeta.

La decisión de Trump se comunicó poco después de que las delegaciones abandonaran la capital paquistaní. A través de su plataforma Truth Social, el mandatario estadounidense fue tajante al instruir a la Marina para interceptar cualquier embarcación que haya pagado peaje a Irán en dicho estrecho. “La Marina de los Estados Unidos, la mejor del mundo, comenzará de inmediato el proceso de bloquear cualquier barco que intente entrar o salir”, subrayó. Además, lanzó una advertencia letal contra cualquier intento de represalia iraní: buque que dispare contra activos estadounidenses será “enviado al infierno”.

Para el gobierno de Trump, la negociación en Pakistán fue el cierre de una etapa. El vicepresidente JD Vance, quien lideró la comitiva junto a asesores clave como Jared Kushner y Steve Witkoff, confirmó su retiro de Islamabad tras 21 horas de debate ininterrumpido. Vance describió la propuesta de Washington como una “oferta final” simplificada, que exige compromisos jurídicos a largo plazo para garantizar que Irán no retome sus capacidades nucleares. “La pelota está ahora en el campo de Teherán”, afirmó Vance antes de abordar el Air Force Two. Trump, por su parte, minimizó la falta de un acuerdo formal, alegando que, desde una perspectiva militar, Estados Unidos ya ha ganado la partida.

Desde la perspectiva iraní, el relato es sensiblemente distinto. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Esmaeil Baghaei, calificó la maratónica sesión de casi 25 horas como un proceso complejo marcado por la desconfianza mutua tras 40 días de hostilidades. Según Teherán, el fracaso no se debió a la falta de voluntad, sino a la “inflexibilidad” y las “demandas excesivas e ilegales” de la administración estadounidense. Los negociadores iraníes, encabezados por el Presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el Canciller Abbas Araghchi, incluyeron en la agenda puntos críticos como el levantamiento de sanciones, reparaciones de guerra y la soberanía sobre el estrecho de Ormuz, temas que Washington no estuvo dispuesto a conceder en los términos solicitados.

Irán ha dejado claro que no olvidará lo que denomina “crímenes atroces” y “actos maliciosos” por parte de EE. UU. e Israel, aunque mantiene que la diplomacia sigue siendo una herramienta para proteger sus intereses nacionales. Sin embargo, la brecha parece insalvable: mientras Washington exige una capitulación política y nuclear, Teherán demanda el reconocimiento de sus derechos soberanos y el fin de la extorsión económica.

En este punto de máxima fricción, ha surgido un nuevo actor en el tablero: Rusia. Ante el vacío dejado por la delegación norteamericana, el presidente Vladimir Putin se comunicó formalmente con su homólogo iraní, Masud Pezeshkian. El Kremlin ha ofrecido su capacidad de mediación para destrabar la crisis, posicionándose como un interlocutor alternativo y estratégico. Putin destacó su disposición para facilitar una solución política y diplomática, marcando una distancia clara respecto a la táctica de presión máxima ejercida por la Casa Blanca.

El bloqueo del estrecho de Ormuz no solo eleva el riesgo de un enfrentamiento armado directo, sino que amenaza con desestabilizar los mercados energéticos mundiales. La comunidad internacional observa ahora si el “enfoque simple” dejado por Vance en la mesa de Islamabad es un puente hacia un futuro acuerdo o, por el contrario, el preámbulo de una escalada bélica sin precedentes en la región. Con el cierre de esta vía marítima, Trump ha decidido pasar de la diplomacia de salón a la fuerza naval, desafiando a Irán a dar el siguiente paso en una crisis que ya no parece tener intermediarios occidentales viables.