dPosta – La crisis que sacude al gigante cárnico controlado por la familia Lowenstein ha pasado de la preocupación administrativa al conflicto abierto en las calles. Este viernes, la intersección de las calles 47 y 24 en General Pico se convirtió en el epicentro de un reclamo urgente: un grupo de alrededor de 15 trabajadores del Frigorífico Pico, radicados en Trenel y Pico, llegaron hasta el lugar para denunciar que la empresa incumplió el plazo legal para abonar las indemnizaciones correspondientes y se quejaron por la falta de diálogo con el gremio.
El conflicto, que mantiene en vilo a las localidades de Trenel, General Pico y Arata, estalló luego de que vencieran los cuatro días hábiles previstos por la ley para el depósito de las liquidaciones finales. “Nos despidieron de un día para el otro, sin un peso”, relataron los manifestantes, quienes aseguran que el compromiso de pago para el día de ayer no se cumplió, dejando a casi 200 familias sin sustento inmediato.
El impacto de los despidos
La magnitud del golpe laboral es profunda. De una dotación total de 580 operarios bajo convenio en la planta de Trenel, casi 200 han sido desplazados. El impacto geográfico es diverso pero igualmente doloroso: se estima que entre 70 y 80 de los despedidos residen en Trenel, mientras que el grueso de los afectados pertenece a General Pico, sumando también trabajadores de la vecina localidad de Arata.
La empresa ha fundamentado las bajas bajo el artículo 247 de la Ley de Contrato de Trabajo. Esta figura legal, que permite el pago de indemnizaciones reducidas al 50%, se utiliza en casos de “fuerza mayor” o falta de trabajo no imputable al empleador. Sin embargo, este punto es el eje de una batalla legal inminente. Según afirmaron los propios trabajadores en la protesta, los telegramas recibidos estarían “mal confeccionados” según el asesoramiento de sus abogados, lo que pone en duda la validez del procedimiento utilizado por la firma.

Sin respuestas ni diálogo
A pesar de la fuerte presencia policial en el lugar de la manifestación, la protesta se desarrolla de manera pacífica, aunque marcada por la angustia. “No tenemos respuesta de nadie, nadie vino. No han tenido diálogo con nosotros tampoco”, lamentó uno de los voceros del grupo frente a los medios. La única explicación recibida hasta el momento por parte de la patronal ha sido la mención genérica a la “crisis que está pasando la empresa”.
Mientras la planta de Trenel sigue sin retomar la actividad, el silencio de la familia Lowenstein profundiza la incertidumbre. Para los operarios, el reclamo es claro: exigen el pago inmediato de lo adeudado y una respuesta institucional que hasta ahora ha brillado por su ausencia, en lo que ya se perfila como una de las crisis laborales más graves del norte pampeano en los últimos años.