dPosta – Catalina San Martín, alcaldesa de Las Condes —comuna donde se ubica el estadio Claro Arena—, elevó un pedido formal al delegado presidencial Germán Condina para que el encuentro ante Universidad Católica, que marcará el debut de Boca en la Libertadores, se dispute sin la presencia de la parcialidad argentina. La funcionaria fundamenta su postura en que el evento es de “alto riesgo” y busca evitar posibles desmanes en las inmediaciones del recinto deportivo.
La preocupación de las autoridades chilenas se remonta a los graves hechos de violencia ocurridos en agosto del año pasado durante un choque entre Independiente y la Universidad de Chile por la Copa Sudamericana. Aquellos incidentes en el Libertadores de América, que terminaron con severas sanciones de la CONMEBOL, marcaron un antecedente negativo para los cruces entre clubes de ambos países.
Pese a que ni Boca ni la Católica estuvieron involucrados en aquella oportunidad, el temor a represalias o enfrentamientos entre barras ha puesto en alerta a los organismos de seguridad locales.
Actualmente, la normativa de CONMEBOL exige un cupo mínimo de entradas para los visitantes, por lo que una prohibición total o una reducción excesiva del aforo —se barajó ofrecer apenas 450 tickets— podría derivar en multas económicas para el club chileno.
El Gobierno de Chile y las autoridades de seguridad se expedirán en las próximas horas para informar una decisión final, a más tardar una semana antes del partido, con el fin de definir la venta de entradas y los operativos de traslado para los hinchas xeneizes que planean viajar a Santiago.