dPosta – La imagen del oficial de policía perfectamente rasurado ha comenzado a quedar en el pasado dentro de la provincia de La Pampa. A través de la reciente Resolución 58/26J, la Jefatura de Policía, liderada por Claudio Cano, oficializó un giro histórico en la reglamentación interna: los efectivos masculinos ahora están habilitados para lucir barba.
Esta medida no responde a un capricho estético, sino a una estrategia integral que equilibra la identidad institucional con la funcionalidad táctica. Las nuevas directrices establecen que no debe superar el centímetro de longitud y debe mantenerse recortado, evitando las zonas de los pómulos y el cuello. El argumento técnico detrás de esta limitación es la seguridad, ya que una barba más larga podría comprometer la eficacia de los cascos de protección o convertirse en un punto de agarre vulnerable durante enfrentamientos físicos o detenciones.
Históricamente, este permiso estaba reservado exclusivamente para los agentes de la Brigada de Investigaciones que realizan tareas encubiertas. Sin embargo, el consenso alcanzado con el gobernador Sergio Ziliotto y el ministro Horacio Di Nápoli permitió extender este derecho a toda la fuerza, atendiendo a problemas dermatológicos recurrentes por el afeitado diario y a la necesidad de modernizar la imagen de la institución hacia una más actual y equitativa.
Tecnología sobre la piel
El cambio de imagen viene acompañado de una transformación estructural en el equipamiento. La Policía ha jubilado normativas que llevaban más de dos décadas de vigencia para dar paso a un Reglamento Unificado de Uniformes. El objetivo es reducir la dispersión de diseños —que anteriormente presentaba hasta seis variantes distintas— para concentrarse en dos estilos principales: el de uso diario y el de fajina.
La gran novedad radica en los materiales. Las tradicionales camisas celestes y los abrigos de lana (tricotas) serán reemplazados progresivamente por prendas confeccionadas en micropolar y softshell. Estas telas ofrecen ventajas operativas críticas: son livianas, térmicas, resistentes al agua y permiten la transpiración, algo esencial para los agentes que patrullan a la intemperie.
Esta transición, que ya cuenta con el visto bueno del Ejecutivo, se implementará de manera gradual durante un periodo de dos años. De esta forma, la fuerza pampeana busca estandarizar sus insignias y escudos para facilitar los procesos de licitación y asegurar que todos los efectivos, sin importar su destino, mantengan una estética uniforme y profesional.
Este avance se suma a hitos previos de la institución, como la aceptación de tatuajes visibles y el histórico cambio de color en la indumentaria del beige al azul, consolidando un proceso de adaptación a los tiempos que corren sin perder de vista la eficiencia en el servicio.