dPosta – Micaela, una joven estudiante de Psicología que reside en Córdoba, relató en una entrevista exclusiva con el medio Infotec 4.0 los detalles del brutal ataque que sufrió la unidad de la empresa Flecha Bus en la que viajaba, y la posterior cadena de negligencias que la dejó herida y sola en una guardia hospitalaria.
El incidente ocurrió la noche del pasado miércoles, cuando el micro de larga distancia, debido a obras viales, fue desviado por la avenida Sabattini. En un sector que Micaela describió como “zonas virtualmente liberadas”, un proyectil de gran tamaño —un ladrillazo criminal— destrozó la ventanilla lateral e impactó de lleno en su cabeza mientras descansaba. La violencia del golpe fue tal que los médicos confirmaron luego una fisura ósea. Conmocionada, la joven sentenció: “Dos centímetros más arriba y me matan”.
Primeros auxilios sin botiquín
La situación dentro de la unidad tras el impacto reveló una falta de condiciones básicas de seguridad e higiene. Micaela, con el rostro cubierto de sangre, no encontró consuelo ni asistencia profesional por parte del personal de a bordo. Fueron sus propios compañeros de viaje, en su mayoría estudiantes pampeanos, quienes debieron improvisar una curación de emergencia ante la inexistencia de un botiquín reglamentario. “Los chicos en el colectivo me asistieron con papel higiénico porque no había nada para curarme”, relató con indignación.
A la gravedad de la herida se sumó un entorno insalubre que agravó el trauma del momento: “Era un colectivo lleno de cucarachas, imaginate el estado de higiene. En ese ambiente tuve que esperar que alguien me ayudara con sangre en toda la cara”, denunció la joven, evidenciando el nulo mantenimiento de la unidad.

Abandono y burocracia
Tras el ataque, la policía cordobesa intervino para trasladar a Micaela a un centro asistencial. Según su testimonio, los efectivos le aseguraron que representantes de Flecha Bus se acercarían al hospital para coordinar la asistencia médica y los gastos derivados. Sin embargo, la empresa optó por la indiferencia. “Se fue el colectivo y me dejaron ahí, sola y herida”, explicó Micaela. Mientras ella ingresaba al Hospital de Urgencias para someterse a una tomografía, el micro de reemplazo continuaba su ruta hacia La Pampa, dejándola a su suerte.
La desprotección alcanzó niveles insólitos cuando su pareja intentó activar el seguro del pasajero. En un momento donde la urgencia médica dictaba la necesidad de estudios de alta complejidad, la respuesta telefónica fue un muro burocrático. “Mi novio habló con este ‘seguro’ y no me quisieron dar asistencia inmediata. Manifestaron que llame a un 0800… ¡pero recién el día lunes!”, contó Micaela.

Secuelas y reclamo judicial
Actualmente, la joven permanece en la capital cordobesa, bajo estricto seguimiento médico y con la imposibilidad de viajar a su provincia debido a la gravedad de la fisura craneal detectada. El diagnóstico médico inicial fue claro: el impacto podría haber tenido consecuencias fatales.
El testimonio brindado solo expone la inseguridad creciente en los accesos a las grandes ciudades, sino que pone de manifiesto la vulnerabilidad de los pasajeros frente a empresas que incumplen normativas básicas.
Micaela, quien sobrevivió de milagro a un “ladrillazo”, hoy debe lidiar con las secuelas de un trauma físico y psicológico, mientras su caso pone en jaque la responsabilidad civil de las transportistas de larga distancia.