dPosta – “Ahora el consumidor ahorra dinero al comprar el bien importado y ese dinero lo utilizará para comprar otros bienes, generando así puestos de trabajo en otro sector de la economía”, aseguró el presidente Javier Milei en la apertura de sesiones ordinarias y tras ratificar que este año buscará profundizar la apertura desregulada de importaciones. Sin embargo, los propios datos oficiales evidencian otra realidad: el fuerte aumento importador no está siendo en favor de la productividad doméstica ya que en lugar de estar liderado por bienes de capital –que mejoren la producción local- o de responder a un aumento de la demanda interna, evidencian una mayor participación de bienes finales que -en un contexto de apreciación cambiaria y costos tarifarios disparados- están directamente desplazando a la industria nacional.
Asi lo demuestran las cifras de actividad comercial que indicaron que la incidencia de las importaciones de bienes finales rozó el 25% del total en 2025 y superó el promedio de la convertibilidad (23,2% entre 1992 y 2001) y se ubicó 8 puntos por arriba del promedio de 2020 y 2023. En contraste, la importación de bienes intermedios, es decir insumos productivos y piezas para bienes de capital, cayó 17%.
Las consecuencias son latentes en los indicadores sectoriales: la actividad industrial cerró 2025 casi 11% por debajo de los niveles de mediados de 2023, mientras que el comercio retrocedió 5%, amortiguando su caída con la venta de productos importados. En otras palabras, la recuperación comercial no estuvo asociada a un repunte manufacturero, sino a una mayor participación de bienes finales extranjeros en las góndolas mientras más firmas locales cierras sus persianas.
Boom importador
Pese al discurso del jefe de Estado que en la apertura de sesiones del Congreso del domingo pasado esbozó una defensa irrestricta de la apertura comercial desregulada, lo cierto es que los datos oficiales ponen sobre la mesa que el fuerte incremento importador no está siendo en favor de la productividad doméstica sino, por el contrario, en detrimento de la producción local.
¿Cómo se explica esta situación? Ello sucede porque las compras al exterior en lugar de estar lideradas por bienes de capital –que mejoren la producción local- o de responder a un aumento de la demanda interna, evidencian una mayor participación de bienes finales que -en un contexto de apreciación cambiaria y costos tarifarios disparados- están directamente desplazando a la industria nacional.
En concreto, las importaciones treparon 24,6% en 2025, quintuplicando al crecimiento de la economía (+4,4%) según los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC. Históricamente, esta relación era de tres a uno: por cada punto que aumentaba el nivel de actividad, la demanda de bienes extranjeros crecía el triple. Esto quiere decir que la elasticidad del año pasado entre Producto e importaciones casi duplicó a la histórica.
En otras palabras, esto implicó una aceleración del desplazamiento de producción local: entre julio 2024 y diciembre 2025, mientras el comercio recuperó 2%, en la vereda de enfrente la producción manufacturera agudizó su deterioro (-2%). ¿Por qué ocurrió? “El comercio moderó su caída inicial vendiendo más productos importados en el mercado local, en tanto que los industriales cedieron terreno”, advirtió un informe elaborado por la Gerencia de Estudios Económicos de Banco Provincia.
No obstante, no solo se incrementaron las compras de productos importados sino que el factor decisivo radica en el tipo de bienes que ingresaron. Al respecto, los economistas señalaron que la participación de los bienes finales en la canasta importadora -sin combustible- rozó 25% durante el año pasado y, de esa manera, se ubicó casi 2 puntos por encima del promedio de la convertibilidad (23,2%). A su vez, entre 2020-2023, ese porcentaje había promediado 17,1%, lo que sirve “para mostrar lo acelerado del crecimiento y las complejidades de competir tanto más en tan poco tiempo”, agregaron.
En detalle, al comparar lo que ingresó a nuestro país se evidenció que las importaciones estuvieron lideradas por bienes finales -de consumo y autos livianos terminados- que escalaron 55% en 2025, ubicándose 3% por encima del período 2012-2015 (medido en dólares constantes). Por su lado los bienes de capital subieron 20%, pero se posicionaron 9% por debajo de 2012-2015. En cuanto a los bienes intermedios (insumos productivos y piezas y accesorios para bienes de capital, excluido combustible) retrocedieron 14,5%.
“El avance de las importaciones se está dirigiendo más a la comercialización de bienes finales sin agregado de valor que al aumento de la productividad de nuestra economía”, analizó la gerencia de Estudios Económicos.
Realidad local: industria vs. comercio
De acuerdo con el argumento del oficialismo, una mayor apertura comercial contribuiría a un crecimiento económico generalizado. No obstante, la evidencia reciente exhibe que el actual proceso económico se inscribe en un ingreso desregulado de bienes de consumo finales que lejos de promover, compiten con la producción local al punto de desplazarla. Dicho de otro modo, el avance de las importaciones no es parte de un proceso de “aumento de productividad” -lo que sucedería si las importaciones crecieran lideradas por los bienes de capital- sino de reemplazo directo de bienes de consumo que ya se elaboran a nivel local.
Lo anterior queda claro al analizar la creciente divergencia entre la dinámica del comercio y la de la industria. Según el informe al que accedió este medio, es posible apreciar “un crecimiento del primero por encima del segundo, en un contexto de suba de las importaciones de bienes finales, apreciación cambiaria y flexibilización de barreras paraarancelarias”. Esto implicó básicamente una sustitución de producción local por importada, es decir que el comercio se recupera vendiendo (más) productos importados.
Así, las cifras oficiales mostraron que la dinámica de industria y comercio se disoció en el tercer trimestre de 2024, “casualmente” la época del blanqueo y de apreciación del tipo de cambio paralelo y cuando se comienzan a flexibilizar algunas políticas de comercio exterior. Mientras que en la segunda mitad de 2023 y la primera parte de 2024, la producción manufacturera cayó a la par de comercio (-8,7% y -8,5%, respectivamente, entre abril 2023 y julio 2024), ya que éstos dejaban de vender lo que la industria no producía, desde entonces el último se recupera tirado por los productos extranjeros (+2% entre julio 2024 y diciembre 2025), en tanto que la primera profundizó su deterioro (-2% en el mismo período).
“Países como Argentina y Brasil, con tradición industrial y mercados internos entre medianos y grandes, no deben tener la misma apertura comercial que países chicos, con acotada producción manufacturera (Paraguay o Ecuador, por ejemplo)”, explicaron desde Estudios Económicos. Y remarcaron que “la apertura irrestricta no es un óptimo, incluso en los manuales de libre comercio, ya que quita capacidades de negociación en un mundo donde los países se cierran en lugar de abrirse, a la vez que los desequilibrios macroeconómicos -inflación e inestabilidad de precios relativos, volatilidad del Producto, menor oferta de crédito y mayores tasas de interés, etc.- se exportan al proceso productivo, encareciendo la manufactura argentina en igualdad de condiciones respecto de nuestros competidores internacionales”.
En definitiva, el debate no gira únicamente en torno al volumen de importaciones sino a su composición y a las condiciones macroeconómicas bajo las cuales se produce la apertura. La evidencia concreta muestra que una expansión importadora liderada por bienes finales -en un contexto de apreciación cambiaria- tiende a agravar la sustitución de la producción local antes que a impulsar cualquier tipo de mejora de productividad.
Fuente: ElDestape