Los disturbios volvieron a empañar los festejos por la Selección

Las celebraciones en Pico por la clasificación de Argentina a la final del Mundial volvieron a terminar con incidentes. Hubo personas lesionadas, varios detenidos y una violencia que se repite fase tras fase.

dPosta – La clasificación de la Selección argentina a una nueva final del Mundial volvió a reunir a cientos de piquenses en la Plaza San Martín y la explanada municipal, convertidas una vez más en el epicentro de los festejos. Familias, jóvenes y niños se acercaron para compartir una jornada marcada por la alegría, las banderas, los bombos y los tradicionales bocinazos que acompañaron una nueva noche histórica para el fútbol argentino.

Sin embargo, una vez más, la celebración terminó opacada por los disturbios protagonizados por un reducido grupo de personas. Hubo enfrentamientos, corridas y episodios de violencia que dejaron personas lesionadas y derivaron en la detención de varios involucrados, obligando a la intervención policial para recuperar el orden.

Lo ocurrido resulta todavía más preocupante si se tiene en cuenta que, para esta ocasión, se había dispuesto un importante operativo preventivo coordinado entre la Municipalidad de General Pico y la Policía de La Pampa. El despliegue buscaba precisamente evitar incidentes como los registrados en celebraciones anteriores. Pese a ello, los hechos volvieron a repetirse.

No se trata de un episodio aislado. En cada una de las fases que fue superando la Selección durante este Mundial se registraron situaciones de desorden en el transcurso de los festejos. Lejos de corregirse, esos episodios fueron escalando en intensidad hasta desembocar en una noche con heridos y detenidos.

La inmensa mayoría de quienes se acercó a la concentración lo hizo con el único objetivo de celebrar un triunfo deportivo que despertó orgullo, emoción y sentido de pertenencia. Pero alcanza un grupo reducido para transformar una fiesta en un escenario de violencia y tensión.

La pregunta ya no pasa únicamente por el operativo de seguridad ni por la cantidad de efectivos desplegados. También interpela a la sociedad. ¿En qué momento una celebración deportiva comenzó a convertirse para algunos en una excusa para pelear, destruir o enfrentarse con otros?

Resulta preocupante que, mientras miles de personas festejan en paz, existan quienes entienden que la euforia habilita cualquier comportamiento. La naturalización de estas conductas termina privando a las familias de disfrutar con tranquilidad un espacio público que debería ser de encuentro y celebración.