dPosta – El incumplimiento de pagos golpea con severidad a los hogares, empujando la morosidad general a un crítico 26,9% y elevando el volumen de la deuda familiar a 74,2 billones de pesos, equivalentes al 6,5% del Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, dentro de este preocupante mapa de asfixia, La Pampa exhibe un escenario de solidez relativa: los últimos informes la posicionan como una de las tres jurisdicciones con menor índice de default de la Argentina, logrando amortiguar el severo impacto que sufre la demanda interna y el comercio a nivel nacional.
De acuerdo con la consultora Analytica, el ecosistema de financiamiento de la República Argentina registra actualmente a 19,8 millones de personas con algún tipo de asistencia crediticia activa. El dato más preocupante revela que, de ese total, un grupo que asciende a 5,3 millones de usuarios ya ha caído en situación de “mora tardía”, registrando retrasos superiores a los 90 días. En este complejo contexto, la plaza pampeana se desmarca de la media nacional y, junto a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Neuquén, lidera los índices de mejor regularidad en sus pagos.
La situación provincial contrasta notablemente con sus vecinas de la Patagonia, donde el elevado costo de vida y las canastas básicas impulsan la deuda mediana per cápita más alta del país. El ranking de pasivos lo encabeza Tierra del Fuego (con un promedio de 1.126.000 pesos por persona), seguida por Neuquén (842.000 pesos) y Santa Cruz (819.000 pesos), valores muy por encima de Chaco o Buenos Aires (537.000 pesos). De todos modos, Neuquén compensa este volumen con cobrabilidad, ya que su tasa de morosidad es de apenas un 23,6%. La contracara es Río Negro, donde hay 374.904 personas con préstamos tomados y casi 86.000 están en mora grave, representando el 1,6% de la mora crítica del país.
El relevamiento detalla que el segmento etario más vulnerable ante este default de carácter sistémico es el de los jóvenes de entre 18 y 30 años. En este grupo, la tasa de morosidad roza el 40%, un preocupante correlato directo del desempleo y la alta precariedad laboral del sector juvenil, factores determinantes que hoy afectan severamente al 39% de los hombres y al 38,1% de las mujeres jóvenes que intentan insertarse en el mercado formal.
Asimismo, el nivel de riesgo en la cadena de pagos varía de manera sustancial según la procedencia de la entidad que otorga la asistencia financiera:
- Bancos tradicionales: Concentran el 82,4% del volumen global de deuda con una morosidad controlada de apenas el 11,9%.
- Empresas Fintech: Acumulan un 10,1% de la masa prestada en el país, aunque su tasa de mora promedio escala al 21,6%.
- Entidades no financieras: Reflejan un colapso financiero extremo en comercios y tarjetas de retail con un alarmante 96,4% de deudores retrasados.
Ante esta coyuntura, el Ministerio de Economía de la Nación, conducido por Luis Caputo, ha instado a las entidades financieras a extender los plazos de refinanciación y bajar las tasas de interés. Si bien para la óptica del Gobierno la mora se vincula a coletazos preelectorales y a fallas de cálculo de quienes especularon de manera errónea con la licuación inflacionaria, analistas de mercado encienden alarmas ante un factor más complejo. Cientos de miles de familias de ingresos medios y bajos ya no acuden al financiamiento para inversión o bienes durables, sino que recurren a las tarjetas de crédito de forma exclusiva para financiar la compra diaria de alimentos.