dPosta – Más de 27 millones de peruanos están habilitados para elegir hoy entre Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez para ocupar la presidencia del país. Según las encuestas, ambos tienen alrededor de 38% de preferencia.
En esta segunda y definitiva vuelta -como en la primera del pasado 12 de abril- el ánimo popular es apático, acaso desilusionado. No es para menos: la realidad social de las mayorías es preocupante y desde hace años (si no décadas) los peruanos sólo conocen la inestabilidad política.
Perú es un país riquísimo, pero extremadamente injusto. Es líder mundial y top 5 en la producción de cobre, oro, plata, zinc y estaño. Sin embargo, su población está entre las más vulnerables de Latinoamérica y la desigualdad social es una de las más extremas del mundo.
Además de poseer minerales y una enorme reserva de gas natural, su geografía privilegiada le permite tener una potente agroindustria (es exportador masivo de alimentos); su mar y su litoral son unos de los más ricos del planeta (está entre los primeros exportadores de harina y aceite de pescado del mundo) y la megadiversidad de la Amazonia peruana es rica en recursos hídricos y forestales.
No obstante, la infancia peruana es significativamente débil y desprotegida. Un informe de Naciones Unidas de 2025 asegura que el 43,7% de los chicos menores de 3 años están desnutridos, especialmente los que viven en las zonas rurales, indígenas y amazónicas. Otro dato: el Programa Mundial de Alimentos (rama de la ONU dedicada a combatir el hambre) estima que el 51,7% de Perú sufre inseguridad alimentaria.
Gobiernos como el de Javier Milei suelen poner a Perú como un modelo a copiar porque ha logrado tasas de inflación bajas; moneda estable y niveles de reserva internacional importantes. Su economía ciertamente creció (3,3% en 2024 y 3,4% en 2025). La pregunta es ¿a quién le sirve esto si el peruano de a pie sufre y no puede comer?
Según el Informe Mundial sobre Desigualdad (laboratorio de investigación de la Escuela Económica de París cuyo referente más conocido es Thomas Piketty), Perú está entre las naciones más desiguales del planeta. Al analizar la riqueza extrema esa entidad observó que el 10% más rico del Perú concentra casi el 60% de los ingresos totales del país. Dentro de esta minoría están los ultrarricos: el 0,1% captura el 22%. Por el contrario, la mitad de los peruanos (50%) comparte apenas el 9,5% de los ingresos nacionales.
¿Más de lo mismo o un cambio radical?
La disputa, en esta segunda vuelta, es entre Keiko Fujimori (51) de Fuerza Popular -la hija del tristemente célebre ex presidente Alberto Fujimori que, como él, propone un neoliberalismo a ultranza- y Roberto Sánchez (57) de Juntos por el Perú, psicólogo especializado en abuso sexual infantil y legislador desde 2021.
El programa fujimorista supuestamente “aggiornado” repite la remanida propuesta de “seguridad e inversión”. Su raíz dictatorial aflora en la consigna fascista de la “ley y el orden”. El foco –aseguró Keiko– estará puesto en la delincuencia. El problema es que esta categoría es tan vaga que podría incluir a los opositores políticos, calificados livianamente de “comunistas” (considerando este término como una descalificación).
Es el caso de su contrincante Roberto Sánchez quien, por prometer el combate a la pobreza, hambre cero, mayor alfabetización y creación de empleos, es demonizado.
“No soy comunista”, dijo Sánchez el viernes en el cierre de su campaña. “Nosotros no vamos a expropiarle nada a nadie, no vamos a estatizar nada, queremos que se reconozcan los derechos para progresar, promoveremos el empleo, el desarrollo económico”.
Como muchos políticos que defienden los intereses de las mayorías, Sánchez es víctima de un plan bien estudiado por las derechas a nivel global y muy eficientemente repetido en Latinoamérica. Si llegara a ser presidente, ese plan lo obligará a emplear muchísima energía y tiempo en defenderse de la avalancha mediática derechista y restar fuerza a sus planes de acción positiva.
Muchas de las propuestas de Sánchez levantan ampollas entre los poderosos de adentro y de afuera de Perú. Una: su respaldo a las inversiones chinas y a “todas las banderas para generar trabajo y progreso”. Otra: la promesa de indultar al ex presidente Pedro Castillo. “En el marco de la ley, el debido proceso y las facultades del presidente voy a otorgar la libertad a Pedro Castillo”, aseguró. El ex presidente fue víctima de una trampa jurídica (en la que no faltó la mano de la embajada de Estados Unidos) y fue destituido y encarcelado en diciembre de 2022.
Castillo es un político muy popular entre los trabajadores y campesinos. Es profesor, fue dirigente sindical del gremio de maestros y asumió la presidencia del país en 2021. Su figura se asocia con un sombrero chotano, típico de la provincia peruana de Cajamarca. Roberto Sánchez, como forma de reivindicar a Castillo, también luce ese enorme sombrero blanco en cada aparición pública.
Algunas otras de las propuestas de Sánchez son: reforma agraria; formar una Comisión de la Verdad para investigar la muerte en represión de opositores políticos; llamar a un “pacto social o consenso” para lograr gobernabilidad y, en ese mismo sentido, analizar el sistema de las “vacancias presidenciales” por “incapacidad moral” (¿?) que provocó que, en los últimos 10 años, haya 8 presidentes.
“En el contexto de pacto social vamos a convocar a todos para regular la vacancia del presidente por incapacidad moral, algo que no está especificado, una atribución del Congreso que ha generado inestabilidad. La estabilidad política es fundamental para actuar en otras prioridades”, afirmó Sánchez.
La pulseada entre EEUU y China
Como muchos de nuestros países, Perú es una nación demasiado rica y demasiado estratégica como para que el poder real permita que las leyes de la igualdad y la verdadera democracia funcionen con normalidad.
Ni bien fue destituido Pedro Castillo, el Pentágono multiplicó su presencia y asistencia en Perú con la poco original excusa de la lucha contra el narcotráfico. Tropas del Comando Sur se sumaron a las ya conocidas ocho bases militares de EEUU en territorio peruano.
Además de su interés por expoliar las riquezas de ese país, Washington ve a Lima como una pieza clave en su lucha por recuperar la hegemonía mundial y, en especial, en su disputa con Beijing. China ha avanzado considerablemente en ese país con costas en el Océano Pacífico.
En noviembre de 2024, en el contexto de una cumbre de la APEC (Foro de Desarrollo Económico Asia Pacífico), el presidente chino Xi Jinping inauguró el megapuerto de Chancay ante la presencia –entre muchos otros mandatarios– de su par estadounidense, el deslucido Joseph Biden.
Esta obra (el primer puerto inteligente de América Latina) es un centro logístico de avanzada en el Pacífico Sur y una de las principales escalas del gran proyecto chino conocido como “la Ruta de la Seda” (Iniciativa de la Franja y la Ruta). La Terminal Portuaria Multipropósito de Chancay producirá 4.500 millones de dólares más de ganancias y generará 8.000 empleos directos en Perú.
Otra declaración de Roberto Sánchez que despierta la alarma roja en EEUU es su apoyo a la construcción, con capitales chinos, de un tren y una carretera bioceánicos que conectarían la costa atlántica de Brasil con el puerto de Chancay y que permitirían un boom comercial para nuestros países (así no sólo Brasil tendría salida al Pacífico sino también Argentina, Paraguay y Bolivia). Con esta nueva ruta se ahorrarían 23 días de viaje marítimo y un 20% del costo logístico.
El resultado de esta segunda vuelta no estará exento de complejidades. Por el momento los sondeos indican un resultado cabeza a cabeza. Keiko se presentó ya en cuatro elecciones y perdió tres en el ballotage por el alto rechazo de una parte del pueblo peruano al fujimorismo. En la primera vuelta del 12 de abril pasado ella sacó 17% y Roberto Sánchez 12%. Juntos sumaron el 29%, pero, por la desilusión política de la población, el ausentismo y los votos blancos o nulos juntaron el 35%.
Por otra parte, en un entorno peruano tan inestable como el actual es probable que haya acusaciones de fraude y desconocimiento de los resultados. En este ballotage, no sólo los peruanos se juegan un reto importante para su futuro. También la región -con estas elecciones, las próximas en Colombia (21 de junio), en Brasil (octubre) y en EEUU (noviembre)- decide su destino.
Fuente: El Destape