dPosta – El juez de control de General Pico, Diego Ambrogetti, dictó sentencia condenatoria contra Alfredo Ezequiel Micha, de 40 años, en el marco de un acuerdo de juicio abreviado que unificó una trama de engaños, presiones y motivaciones económicas ligadas a la industria cárnica de exportación. Micha fue hallado autor material y penalmente responsable de los delitos de usurpación de autoridad y coacción, recibiendo una pena de dos años de prisión de ejecución condicional y el cumplimiento de estrictas reglas de conducta por el mismo período.
El caso, que se remonta a octubre de 2025, expuso una maniobra diseñada para desarticular una denuncia por abuso sexual que afectaba directamente parte de la operatividad de un frigorífico de la zona norte de La Pampa. Según la investigación, Micha, radicado en Buenos Aires y vinculado a la comunidad judía, actuó movido por la urgencia de restaurar el prestigio y la fuente laboral de su amigo, el rabino Michael Hobarán. Este último desempeñaba una función clave: certificar la faena ritual Kosher, requisito indispensable para exportar carne hacia Israel y otros mercados internacionales.
La denuncia previa contra el rabino, radicada en septiembre de 2025, había provocado que el Rabinato le prohibiera ejercer sus funciones certificadoras de manera inmediata. Sin la firma de Hobarán, el proceso de exportación quedó paralizado, generando un perjuicio económico significativo y una crisis en el entorno profesional del religioso. Ante este escenario, Micha decidió intervenir de manera ilícita.
El apriete
El 16 de octubre, el imputado contactó a la mujer que había denunciado al rabino. Mediante engaños, se presentó bajo el falso nombre de “García”, aduciendo ser el secretario del fiscal Gutiérrez de la ciudad de Santa Rosa. Con la excusa de que estaba viajando a General Pico para “cerrar unos casos”, logró concertar un encuentro con la víctima en una cafetería local de una estación de servicio YPF.
Durante la reunión, Micha utilizó su supuesta investidura judicial para intimidar a la mujer. Le manifestó que el fiscal lo enviaba para solicitarle que grabara un video retractándose de sus acusaciones, argumentando que su denuncia estaba perjudicando gravemente a un tercero. Para quebrar la voluntad de la víctima, el falso funcionario utilizó una técnica de “presión ambivalente”: por un lado, la elogió describiéndola como una “mujer trabajadora y sin antecedentes” y, por el otro, la amenazó con una imputación penal por falso testimonio si se negaba a realizar la grabación.
Pese a la tensión de la situación, la mujer mantuvo la calma y comenzó a ganar tiempo. Se negó a grabar el video en la cafetería y también rechazó hacerlo dentro del vehículo de Micha cuando este la llevó de regreso a su casa. Horas más tarde, a las 22:23, el imputado reforzó la coacción mediante un mensaje de texto donde reiteraba la amenaza de una causa penal inminente si no recibía la retractación audiovisual. La víctima, al detectar irregularidades en el proceder del supuesto funcionario, decidió no responder y dar intervención a las autoridades reales.
Fallo
En el fallo, el juez Ambrogetti destacó que Micha “mintió, usurpando una identidad e investidura judicial para inspirar confianza y autoridad, con el fin de pedirle imperativamente que haga ese video en beneficio de la persona denunciada”. La resolución subraya que el accionar del imputado no solo afectó la libertad de la damnificada, sino que también vulneró la administración pública al fingir un cargo inexistente, ya que no existe un fiscal de apellido Gutiérrez en la capital provincial ni Micha pertenece al Poder Judicial.
El acuerdo de juicio abreviado contó con la conformidad del fiscal general Armando Agüero, del defensor particular José Mario Aguerrido y de la propia víctima, quien fue informada sobre los alcances de la sentencia. Micha, quien no poseía antecedentes condenatorios previos, fue detenido originalmente cuando intentaba salir del país, momento en el que admitió de manera “lisa y llana” haber urdido el plan para “limpiar” la imagen de su amigo y reactivar el nicho económico de la certificación Kosher.