dPosta – A través de un nuevo comunicado oficial, la familia Lowenstein confirmó que las gestiones para salvar el Frigorífico Pico se centran hoy en un actor de peso: un grupo acreedor de origen europeo con una presencia estratégica en la Argentina. Si bien el anuncio genera una cuota de alivio en el sector, el hermetismo sigue siendo la norma respecto a los plazos y la letra chica de un acuerdo que todavía no se ha materializado.
El eje de esta nueva etapa es evitar, a toda costa, la declaración de la quiebra o el concurso preventivo. Los propietarios han sido enfáticos al señalar que su voluntad es “encauzar la situación y evitar recurrir a instancias jurídicas de reorganización previstas por la legislación vigente”. Para sustentar esta posición, Ernesto “Tito” y Alan Lowenstein recordaron que han respaldado el proceso “respondiendo personalmente con sus patrimonios”, una apuesta que busca diferenciar el destino de la empresa familiar de una liquidación judicial drástica.
En este contexto, el comunicado de este jueves detalla con precisión el orden de prioridades para la salida de la crisis. Según la empresa, el objetivo primordial es “restablecer la actividad productiva de la empresa y preservar la fuente laboral”. Una vez asegurada la marcha de la planta de Trenel, la hoja de ruta financiera establece “atender de manera ordenada las obligaciones laborales derivadas de la reciente reducción de puestos de trabajo”.
El plan continúa con el “cumplimiento de los compromisos asumidos con los proveedores corrientes”, dejando para una instancia posterior el nudo más complejo de la trama: el entendimiento con los “acreedores financieros no bancarios”, una meta que, según admiten los empresarios, “hasta el momento no ha sido posible” alcanzar.
Esta dificultad para cerrar filas con los acreedores privados se suma al lastre que la compañía arrastra desde 2024. Según los antecedentes de febrero, la debacle fue producto de una combinación letal: el encarecimiento de la materia prima y las desorbitantes tasas de interés de 2025, que golpearon a la firma en medio de un proceso de inversión millonaria para modernizar la infraestructura de Trenel.
Sin embargo, detrás de la ingeniería financiera y las promesas de reactivación, el drama social permanece inalterado. El cierre de uno de los turnos de la planta dejó en la calle a 200 trabajadores que hoy asisten a este desfile de comunicados con más dudas que certezas.
Mientras los dueños aseguran que buscan “una solución ordenada”, para estos empleados —que aún negocian el pago de sus indemnizaciones— el tiempo corre más rápido que las gestiones. La planta, que supo ser un motor industrial en el norte provincial, hoy es un símbolo de una puja donde la continuidad operativa y la dignidad de los despedidos todavía no encuentran un punto de encuentro real.