dPosta – La tensión en Medio Oriente ha alcanzado un punto de no retorno tras las recientes declaraciones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien advirtió que la ofensiva actual contra el régimen iraní es apenas el preludio de una acción militar mucho más devastadora. El mandatario estadounidense subrayó que las fuerzas norteamericanas aún no han desplegado su máximo potencial, acuñando el término “la gran oleada” para describir la fase operativa que se avecina. “Ni siquiera hemos empezado a golpearles fuerte. Lo grande viene pronto”, sentenció Trump, elevando la incertidumbre global sobre el alcance de la denominada Operación “Furia Épica”.
Esta advertencia surge en un contexto crítico tras el ataque sufrido por la embajada de Estados Unidos en Riad, Arabia Saudita, donde dos drones provocaron incendios y daños materiales. Ante este escenario, el Departamento de Estado emitió una orden de evacuación urgente para todos sus compatriotas presentes en Medio Oriente. El llamado a abandonar la región abarca una lista extensa de países, incluyendo a Bahréin, Egipto, Irak, Israel, Jordania, Kuwait, Líbano y los Emiratos Árabes Unidos, entre otros. La instrucción es clara: salir de inmediato por medios comerciales debido a riesgos graves de seguridad.

Los pilares de la Operación “Furia Épica”
Por primera vez, la Casa Blanca ha desglosado los objetivos estratégicos de su intervención militar. La hoja de ruta de la administración Trump se asienta sobre cuatro pilares fundamentales: en primer lugar, la destrucción total de la capacidad de lanzamiento de misiles balísticos de Irán; segundo, el desmantelamiento de la marina iraní —de la cual ya habrían sido hundidas diez embarcaciones—; tercero, impedir que Teherán acceda a armamento atómico; y finalmente, cortar el flujo financiero y militar hacia grupos como Hezbollah y Hamas.
A pesar de que el secretario de Estado, Marco Rubio, ha manifestado que estos objetivos podrían alcanzarse sin necesidad de un despliegue terrestre, tanto el presidente como el secretario de Defensa, Pete Hegseth, no han descartado esa posibilidad. Hegseth ha sido enfático en diferenciar este conflicto de intervenciones pasadas, asegurando que no se busca una “construcción nacional” ni se aceptarán reglas de enfrentamiento que pongan en riesgo innecesario a las tropas. “Peleamos para ganar”, afirmó el funcionario.
El impacto económico y la mirada de los mercados
La guerra no solo se libra en el terreno militar, sino también en las pizarras de Wall Street. El análisis del impacto económico revela un patrón histórico de comportamiento ante shocks geopolíticos. Según datos de IOL Inversiones, el índice S&P 500 suele experimentar un retroceso promedio del 1,1% en la primera jornada de hostilidades, profundizándose hasta un piso del 5% en las semanas posteriores. Sin embargo, la evidencia histórica sugiere que el mercado suele recuperar la totalidad de las pérdidas en un plazo aproximado de 47 días.
Actualmente, los inversores mantienen la atención puesta en el Estrecho de Ormuz y en la cotización del oro, que actúa como refugio ante la incertidumbre. La volatilidad será la norma mientras persista la duda sobre posibles ataques a infraestructuras petroleras o la intervención directa de potencias como China. No obstante, el 68% de los casos analizados en las últimas ocho décadas muestran que el mercado bursátil tiende a situarse en terreno positivo un año después del inicio de los conflictos, con rendimientos medianos del 8,4%.

Un vacío de poder en Teherán
El panorama interno en Irán añade una capa de complejidad al conflicto. Trump ha resaltado que la estructura de mando iraní se encuentra en caos tras la muerte del líder supremo Ali Khamenei y la eliminación de 49 altos mandos militares en ataques selectivos. Según la visión de Washington, aunque no se busca formalmente un cambio de régimen, la realidad operativa ya ha forzado un desplazamiento de las autoridades actuales.
El conflicto ha logrado, además, una alineación inédita de aliados regionales. Países como Jordania, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos han pasado de una postura de observación a una intervención directa, motivados por las agresiones previas sufridas por parte de Irán.
A pesar de haber reconocido la pérdida de cuatro militares en Kuwait y de tres aeronaves por fuego amigo, la administración Trump se mantiene firme. “No me importan las encuestas. Estoy haciendo lo correcto”, concluyó el presidente, reafirmando que la campaña militar tiene la capacidad de prolongarse mucho más de lo previsto inicialmente.