dPosta – El escenario político y social de la Argentina se encamina hacia una jornada de parálisis total este jueves, cuando la Confederación General del Trabajo (CGT) lleve adelante su cuarto paro general contra la administración de Javier Milei. Sin embargo, detrás de la contundencia que promete la medida de fuerza —garantizada principalmente por la adhesión total del transporte—, subyace un clima de tensión interna y sospechas sobre la estrategia de la cúpula sindical.
La convocatoria llega envuelta en polémicas: la central obrera negoció inicialmente con sectores del Senado para salvar los aportes obligatorios a los gremios que el proyecto original buscaba podar. Solo cuando los detalles más punitivos de la reforma laboral para el trabajador de a pie se hicieron públicos, como las modificaciones en las licencias por enfermedad o las indemnizaciones, la CGT aceleró el llamado al paro, pero con una modalidad que despertó suspicacias: sin movilización.
Esta decisión de “quedarse en casa” le valió duras críticas de los sectores más combativos, que tildan la medida de funcional al Gobierno o, al menos, de insuficiente ante la magnitud de la ley que se debate en el Congreso.

Para el transporte
Omar Maturano, secretario general de La Fraternidad, el gremio que nuclea a los conductores de trenes, ratificó este martes que durante la jornada de protesta “no habrá transportes” en todo el país. Para el dirigente ferroviario, la reforma impulsada por el oficialismo no es otra cosa que una búsqueda de “la esclavitud”. En declaraciones Radio Splendid AM 990, Maturano fue tajante: “Son todos unos mentirosos que nos quieren llevar a la esclavitud y nosotros a la esclavitud no vamos a ir”. Su postura es la que garantiza el éxito logístico del paro, ya que sin trenes, colectivos ni subtes, la actividad económica se reduce a casi cero de manera automática.
El sindicalista defendió la modalidad de la medida, argumentando que “está confirmado el paro total de actividades sin movilización”, bajo la premisa de que “si el transporte no anda, no se puede movilizar a los compañeros”-
Maturano advirtió además que esta reforma es solo la punta de lanza: “Después vendrán por la Ley de Asociaciones Sindicales y por otra Ley de Previsión”. Para el líder ferroviario, Milei “se equivoca” al atacar a los trabajadores en lugar de a “la casta”, como había prometido en campaña, señalando que el Gobierno sigue emitiendo deuda y bonos a pesar de su discurso de austeridad.
El apoyo al cese de actividades es masivo en sectores clave como metalúrgicos, construcción, alimentación, petróleo y comercio, además de una gran adhesión esperada en el ámbito docente y estatal.

“Paro dominguero”
Desde el interior del país, las voces de rechazo a la conducción nacional de la CGT no tardaron en aparecer. El titular de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de Córdoba, Rubén Urbano, calificó la medida como un “paro dominguero”. Para el dirigente cordobés, la gravedad de la reforma laboral, que implica la quita de derechos históricos, ameritaba una presencia masiva en las calles. “No nos sirve un paro dominguero, un paro matero en estos momentos cruciales. No se trata de un acuerdo salarial, sino de algo gravísimo”, sentenció.
Urbano tildó de “tibia” la resolución de la cúpula de Azopardo y cuestionó que se pretenda frenar una reforma de este calibre con apenas 24 horas de inacción en los hogares.
“Esto no se puede arreglar con un paro de 24 horas. Hay que hacer un paro activo y por tiempo indeterminado”, afirmó, dejando al descubierto la fractura entre los gremios industriales, que sufren la caída de la actividad, y la estrategia de la mesa chica de la CGT, a la que acusan de haber priorizado sus propios recursos financieros en la negociación previa antes que la estabilidad de los derechos laborales.

Conferencia de la CGT
Para intentar aplacar los ánimos y unificar el discurso, la CGT brindará este miércoles a las 11 una conferencia de prensa en su sede histórica. Allí, el consejo directivo buscará explicar por qué se optó por un paro sin movilización en el preciso momento en que la Cámara de Diputados tratará el proyecto.
La presión de la izquierda y de los sindicatos más combativos ha sido constante desde que se supo que no habría marcha al Congreso. Figuras como Octavio Argüello y Jorge Sola deberán responder a los cuestionamientos sobre la supuesta pasividad de la central.
Pese a la orden oficial de la CGT, habrá “libertad de acción”. El Frente de Sindicatos Unidos (FreSU), que incluye a sectores de la CTA y gremios cegetistas disidentes, ya confirmó que se movilizará al mediodía hacia la Plaza del Congreso.
Rodolfo Aguiar, secretario general de ATE, fue uno de los más críticos con la consigna de quedarse en casa: “El paro se va a hacer sentir, pero no podemos quedarnos en la casa. Si no movilizamos, el Gobierno se hace un festín”. Para estos sectores, la única forma de frenar la ley es mediante la presión física en el recinto.

La amenaza del descuento
Desde el Poder Ejecutivo, la respuesta al desafío sindical fue el rigor administrativo. El Gobierno confirmó que se descontará el día a todos los empleados estatales que se adhieran a la medida. “Pueden hacer lo que quieran, pero están avisados”, señalaron fuentes de la Casa Rosada a Infobae.
La administración libertaria busca quebrar el acatamiento en las oficinas públicas, aunque reconocen la dificultad logística: al no haber medios de transporte, la llegada a los puestos de trabajo se vuelve casi imposible para la mayoría.
A diferencia de las protestas anteriores, esta vez el bloqueo es total en colectivos, trenes, subtes y taxis. Esto ha llevado a los funcionarios de La Libertad Avanza a instar a sus equipos a “organizarse como sea” para cumplir sus funciones.
El Ejecutivo apuesta a que la amenaza del descuento y la imagen de una CGT debilitada por sus propias internas y negociaciones bajo la mesa resten legitimidad a una protesta que, si bien paralizará el país, nace cuestionada desde sus propios cimientos por la falta de combatividad callejera de sus líderes.