dPosta – Los barrios San Etelvino y Talleres se vieron convulsionados durante toda la madrugada por el ulular de sirenas policiales. Primero se dijo que buscaban a un paciente de Psiquiatría el Hospital, pero con el correr de las horas se conoció que en realidad era el apuñalado que supuestamente estaba internado grave en el nosocomio local. No es el primer apuñalado en la Alcaidía de la URII, ni el primer preso que se escapa del Hospital Centeno. Las coincidencias que unen este episodio con otros hechos policiales resonantes.
En la mañana del lunes se conoció que un interno de la Alcaidía de Pico había sido apuñalado y trasladado al Hospital. El ataque, según los primeros pasos de la investigación, lo llevaron adelante otros dos detenidos que usaron un “arpón”, armado con un palo de escoba con un hierro punzante en el extremo para atacar a distancia.
En cuanto al estado de salud, se indicó que presentaba un cuadro complejo por haber recibido un puntazo en la zona de costillas y haber sufrido un “hemoneumotórax” al perforarse la pleura. Sin embargo, las fuentes consultadas por dPosta en el nosocomio local aclararon que, tras una rápida intervención, el estado del paciente no era considerado grave, y así parece que fue, ya que a las pocas horas escapó de la sala de Guardia donde supuestamente se encontraba custodiado por la policía.
El apuñalado y prófugo, que no fue identificado por el fiscal a cargo de la causa, Juan Pellegrino, se llama Maximiliano Sena y está ya sentenciado con condena firme por un robo agravado. O sea, se trata de un recluso que no tendría que estar alojado en la Alcaidía.
Alrededor de las 23 horas de lunes, cuando el preso recuperado desapareció de la vista de médicos, enfermeros y policías; patrulleros de todas las dependencias comenzaron a recorrer las calles y a punto estuvieron de atraparlo en un patio a un par de cuadras del Hospital, pero la persecución se extendió durante toda la madrugada hasta que, entrada la mañana del martes fue recapturado. El fiscal Pellegrino llevó tranquilidad a la comunidad al confirmar que había sido demorado “a las poquísimas horas, o sea, muy rápidamente”.
Coincidencias y pesadillas
No fue este el primer preso que se escapa del Hospital, ni tampoco el primer apuñalado en la Alcaidía. Y el caso de Maximiliano Sena guarda llamativos y brutales puntos de coincidencias con el muerto por heridas con arpones y facas en la misma dependencia policial, Gonzalo Muñoz.
La última fuga del nosocomio piquense ocurrió en febrero de 2024, cuando el condenado Jonathan “El Gringuito” Luna Bustos logró evadir los controles, algo que tenía claro porque ya se había fugado de una Comisaría en Santa Rosa mientras estaba preso por una de las tantas andanzas que el joven de 27 años tenía en su prontuario. Fue recapturado en la Terminal de Retiro, en Buenos Aires, en abril del mismo año.
“El Gringuito” Luna había caído en el Hospital luego de ser brutalmente agredido por Gonzalo Muñoz, un preso definido como muy violento que terminó encontrando la muerte en marzo del 2024 en el Pabellón 2 de la Alcaldía de la URII, herido a facazos por otros tres internos que fueron condenados en diciembre de 2025.
El juicio por la muerte de Muñoz fue una bestial demostración de las fallas en los controles y las deficientes condiciones de detención de los internos en la Alcaidía. Tantos fueron los argumentos, que el Tribunal dictó sentencia contra los tres presos acusados y ordenó investigar a los policías de guardia, a quienes el fiscal Pellegrino -que llevó a cabo la investigación- jamás puso en la mira.
En dicho debate, quedó claro que las requisas se hacían cada uno o dos meses. Los policías que ingresaron a Muñoz al Pabellón indicaron que los revisaron “al detalle”, pero nada dijeron de las imágenes de video donde se lo vio atravesar el portón y enfrentar al resto de los presos con “poncho y faca”. Todavía se recuerda al entonces jefe de la Alcaidía, Claudio Drapanti, de vacaciones al momento del hecho, cuando le preguntaron si se habían iniciado sumarios por el ingreso de un preso armado: “¿Entró armado? No sabía”, respondió el jefe policial.
“Los presos siempre arman facas, tienen mucho tiempo libre”, dijo un policía en ese juicio. El punto es cuánto se aprende sobre esas experiencias para evitar que las historias se repitan.