Frigorífico Pico: despidieron a más de 190 trabajadores

La desvinculación de los operarios golpea a las localidades de General Pico, Trenel y Arata. Los telegramas librados en el mediodía del viernes, golpean a las familias y suman incertidumbre al futuro del frigorífico.

dPosta – Lo que durante semanas fue un rumor de pasillo, alimentado por el silencio de las oficinas gerenciales y la parálisis de los corrales, se materializó en una cifra cruda: 156 operarios en General Pico, 30 en Trenel y 8 en Arata recibieron sus telegramas de despido. La noticia no solo representa el fin de un vínculo laboral para 194 personas; es un sismo que altera a comunidades enteras que, durante décadas, orbitaron alrededor del gigante de la carne en el norte provincial.

Los telegramas llegaron a los domicilios de los trabajadores pasado el mediodía del viernes, sin dejar posibilidad a algún tipo de reclamo o explicación en la Oficina de Relaciones Laborales de Pico, donde la empresa y el gremio formalizaron el cese de actividades durante el mes de enero, al menos hasta el próximo lunes.

En Trenel, el impacto se siente en el silencio de las calles. “El pueblo parece fantasma”, relatan los vecinos con una mezcla de tristeza y resignación. Los comercios del pueblo ven caer sus ventas y ya hay tendal de alquileres impagos, con un dato que suma preocupación de cara el futuro inmediato: los integrantes de la comunidad judía que permanecían allí para hacerse cargo de la faena de animales para exportar a Israel abandonaron las viviendas que alquilaban.

Durante años, los municipios de Trenel y Arata subvencionaron el transporte de los trabajadores para sostener la operatividad de una empresa que generó fortunas, pero que hoy, ante el primer gran temporal, parece soltarle la mano a quienes pusieron el cuerpo en las líneas de faena.

El fundamento

Los telegramas, firmados por Esteban de San Félix Farias como responsable de Capital Humano, no escatiman en conceptos técnicos para justificar el desmoronamiento. La empresa alega una “situación de público y notorio conocimiento consistente en la crisis producto de un contexto mayor de la industria frigorífica”. Según el documento, esta crisis se manifiesta en una “insostenible disminución de trabajo por reducción de los volúmenes de mercadería vendida y proyectada”.

El texto oficial subraya que la situación llevó a una “total paralización de las operaciones durante el mes de enero”. Bajo este argumento, la firma decidió disponer los despidos amparándose en el artículo 247 de la Ley de Contrato de Trabajo, una figura legal que permite pagar la mitad de la indemnización correspondiente por causas de fuerza mayor o falta de trabajo no imputable al empleador. Este es el punto que más indignación genera entre los operarios: el procedimiento preventivo de crisis, que venció el 31 de enero, no fue homologado por el gremio, lo que deja a los trabajadores en una nebulosa legal y con la sensación de que las negociaciones ocurrieron a espaldas de los principales afectados.

La parálisis del gigante

Para entender la magnitud del colapso, basta mirar los números de la planta. En un régimen normal, el Frigorífico Pico procesaba alrededor de 600 vacunos por día. Durante el último mes, esa cifra se desplomó a apenas 50 cabezas diarias. Las suspensiones de 450 empleados en enero fueron el preludio de lo que hoy es una realidad irreversible para casi la mitad de ellos. La angustia se potencia por la falta de interlocutores. “Nadie nos dice si nos van a pagar o no, el gremio no nos atiende y en el Ministerio no hay nada registrado aún”, sostiene uno de los damnificados, reflejando el desamparo de quien se descubre sobrando en el sistema.

Una esperanza en el peor momento

Mientras los telegramas circulaban por el correo, en los despachos oficiales de Cancillería se celebraba un anuncio que llega con una ironía dolorosa para quienes hoy están en la calle. El Gobierno Nacional confirmó una ampliación sin precedentes en el cupo de exportación de carne vacuna a los Estados Unidos, que pasará de las actuales 20.000 toneladas a un total de 100.000 toneladas anuales libres de aranceles.

Este incremento de 80.000 toneladas —que representa un adicional proyectado de 800 millones de dólares para 2026— es visto por la cadena de la carne como un hito histórico. Para el Frigorífico Pico, este acuerdo comercial podría ser la “llave de oro” para su reactivación, aunque el anuncio llega sobre el límite del convenio con sus trabajadores y con la plantilla ya reducida. Sin embargo, hay un detalle que alimenta las especulaciones en General Pico: el hecho de que la empresa no haya despedido a la totalidad del personal sostiene la posibilidad de una transición.

El futuro: ¿Venta o alquiler?

Se especula que la reducción de personal podría formar parte de una “limpieza de pasivos” necesaria para avanzar hacia una venta a otra firma o grupo inversor. Con el nuevo cupo exportador hacia EE.UU., el frigorífico se vuelve un activo mucho más atractivo de lo que era hace una semana. En ese sentido, en algún momento se mencionó a uno de los gigantes argentinos en la industria de la carne, Gorina, pero también se menciona a empresarios de la zona.

Por ahora, todo se mantiene en el terreno de las conjeturas. No hay fuentes oficiales que confirmen el interés de terceros ni los próximos pasos de la actual conducción. Lo único concreto es el dolor de las familias en Pico, Trenel y Arata, que ven cómo la macroeconomía celebra acuerdos de libre comercio mientras, en la escala doméstica, el plato de comida se vuelve una incógnita diaria.

El Frigorífico Pico está herido, pero su infraestructura y la nueva cuota norteamericana sugieren que el negocio seguirá existiendo; la pregunta que queda flotando en el aire pampeano es quiénes serán los que finalmente logren aprovechar esa oportunidad y si habrá lugar para recuperar a los que hoy han sido desplazados.