dPosta – La emergencia ígnea que atraviesa la Patagonia argentina ha generado un complejo dilema de logística y solidaridad federal. A pesar del pedido formal del Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) para que la provincia de La Pampa colabore con brigadistas y bomberos voluntarios en el combate de las llamas en Chubut, las autoridades pampeanas confirmaron que, por el momento, no desplazarán personal hacia el sur del país.
La negativa no responde a una falta de voluntad, sino a una realidad territorial alarmante. La Pampa es la provincia más castigada por el fuego en lo que va de la temporada, con un registro que asciende a las 175 mil hectáreas consumidas. Aunque los informes de esta mañana no reportan focos activos en suelo pampeano, el estado de alerta es máximo debido a la combinación de sequía prolongada, altas temperaturas y una carga crítica de material combustible. El ejecutivo provincial optó por mantener su fuerza operativa en territorio propio para intervenir de forma inmediata ante cualquier eventualidad.
En contraste, el escenario en los parques nacionales patagónicos es de extrema gravedad. Los incendios ya han devorado más de 50 mil hectáreas en la región, afectando a cuatro reservas nacionales simultáneamente. La provincia de Chubut se lleva la peor parte, con focos que amenazan directamente zonas productivas, viviendas y arterias viales estratégicas. Durante el último fin de semana, la voracidad de las llamas, potenciada por ráfagas de viento incontrolables, obligó a los brigadistas a replegarse en varios sectores para resguardar su integridad física.
La infraestructura también se vio afectada por el avance del fuego. Las rutas provinciales 71 y 15, así como la nacional 40, sufrieron cortes preventivos debido a la proximidad de las columnas de humo y las llamas. Recién este lunes se logró restablecer el tránsito, mientras los equipos de emergencia retoman las tareas aéreas y terrestres que habían sido suspendidas por la peligrosidad del ambiente.
En localidades como Cholila, la tensión es constante. Si bien los pobladores permanecen rodeados por el fuego, el comportamiento errático de los focos ha permitido evitar, hasta ahora, una evacuación masiva. Los equipos de combate se ven obligados a rediseñar sus estrategias minuto a minuto, intentando circunscribir un frente que desbordó cualquier planificación previa durante los días previos.
Para las próximas 48 horas, los combatientes mantienen una “moderada expectativa”. Los pronósticos meteorológicos sugieren la apertura de una ventana de alivio, con un leve descenso de la temperatura y la probabilidad de lluvias aisladas. Estas condiciones podrían ser la clave para que los brigadistas logren frenar el avance de un incendio que mantiene en vilo a toda la región.
(Con información de Diario Textual)